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Dolor Lumbar
¿Qué es?
El dolor lumbar es una de las causas más frecuentes de limitación física y afecta a personas de todas las edades. Se localiza en la parte baja de la espalda y puede aparecer de forma repentina o desarrollarse progresivamente.
Aunque suele asociarse a una mala postura o al levantamiento de peso, en muchos casos intervienen diversos factores como alteraciones biomecánicas, debilidad muscular, falta de movilidad, sobrecarga física o una mayor sensibilidad del sistema nervioso.
Síntomas más frecuentes
Dolor en la parte baja de la espalda.
Rigidez o sensación de bloqueo al moverse.
Molestias al permanecer mucho tiempo sentado o de pie.
Dolor que puede irradiarse hacia glúteos o piernas.
Sensación de tensión o sobrecarga muscular.
Dificultad para inclinarse, girar o levantar peso.
Episodios recurrentes de lumbalgia o contracturas.
¿Por qué aparece?
El dolor lumbar suele ser el resultado de una combinación de factores, entre ellos:
Debilidad muscular o sedentarismo.
Sobrecarga física repetitiva.
Restricción de movilidad de la cadera.
Alteraciones en el control lumbopélvico.
Movimientos compensatorios.
Estrés físico o emocional.
La importancia de la cadera y los glúteos
En muchos casos, el origen del problema no se encuentra únicamente en la zona lumbar. Una alteración en la movilidad de la cadera o una activación deficiente de los glúteos puede aumentar la carga sobre la espalda y favorecer la aparición o recurrencia del dolor.
Por ello, una valoración funcional permite identificar posibles déficits de movilidad, estabilidad y patrones de movimiento que contribuyen a la lesión.
Enfoque terapéutico
Cada tratamiento se adapta a las necesidades del paciente y puede combinar diferentes técnicas para aliviar el dolor, recuperar la función y prevenir recaídas:
Terapia manual.
Liberación miofascial.
Ejercicio terapéutico.
Reeducación del movimiento.
Neuromodulación.
Electrólisis Percutánea Terapéutica (EPTE), cuando está indicada.
Objetivos del tratamiento
Disminuir el dolor.
Recuperar la movilidad.
Mejorar la estabilidad y el control del movimiento.
Corregir patrones de compensación.
Reducir el riesgo de recaídas y favorecer un retorno seguro a las actividades diarias y deportivas.









